Deseando conducir

Posted on 9 enero, 2012

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Se me escapa qué han podido ver en ‘Drive’ los que la ponen de obra maestra, o casi. Supongo que habrán conectado estética o emocionalmente con ella, a veces pasa y uno no lo controla. A mí, nada más salir del cine, me pareció una estafa, una película mala y pretenciosa que ni siquiera se atrevía a ser una GRAN película mala. Hoy ya sólo me parece un filme mediocre. En unas semanas seguramente me habré olvidado de ella. Espero.

Como entretenimiento básico, ‘Drive’ no funciona, pues no es entretenida. Como thriller redondo, tampoco, dado que su guión tiene agujeros del tamaño de un cráter lunar. Por eso su abierta pretensión de constar como obra total se queda en eso, en una pretensión. De ahí el adjetivo “pretencioso”, que parece inventado para definir la obra del espesito Nicolas Winding Refn, un producto vacío que, sin embargo, funciona muy bien como paradigma de vanguardia y riesgo (incluso clasicismo, tócate los huevos) para modernetes de revista de tendencias. Preferiblemente nacidos a mediados-finales de los ochenta, para no tener demasiado presentes cosas como ‘Collateral’, ‘Crash’ o ‘Shopping’, las entrañables horteradas de Tony Scott y Adrian Lyne, los experimentos fallidos de Jarmusch y Hartley y, por qué no decirlo, la ‘Corazonada’ de Coppola.

Que una película que no llega a las dos horas de duración se haga larguísima quiere decir que está mal escrita, mal dirigida, mal montada o las tres cosas a la vez. Que un actor decida que la no-actuación es sinónimo de contención y de joder-cuánta-vida-interior-tiene-este-personaje ya no cuela (no, no cuela, señor Gosling, entérese de una vez) y escudarse en la ironía para salpimentar el metraje con una incongruente (aunque deliciosamente trash) banda sonora es de todo menos moderno. De reciclajes, homenajes y revisiones irónicas mejor no hablamos. ¿In The Mood for The Fast and the Furious?

Cuando parece que está ya casi todo inventado, reciclado y deconstruido mil veces, hacer una película moderna es difícil. Hacer una buena, más todavía. ‘Drive’ no es ni lo uno ni lo otro. Tiene el dudoso encanto de esforzarse mucho en intentar ser las dos cosas, a ver si cuela. Por eso mismo es también capaz de irritar. A mí, de hecho, me ha irritado muchísimo. Se nota, ¿verdad?

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