La crisis de los 35

Posted on 24 enero, 2012

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Intentas acordarte de cuando tu padre tenía tu edad actual, treinta y cinco años (porque sí, también los tuvo, y entonces ya era tu padre) y visualizas un “señor”  que, aunque se parece más a ti de lo que jamás admitirás, no podría estar más alejado. O eso crees tú, o eso quieres. Porque a menos que tu vida (¿matrimonio?¿hijos?) tenga muchos puntos en común, y muy concretos, con la suya, tu padre de entonces te resultará en muchos aspectos una antigualla y un rollo que tú no quieres ser ni ahora ni nunca. Justo ahora que acabas de superar ese punto en el que los cincuenta quedan más cerca que los veinte (y cada vez más, qué vértigo) te das cuenta de que llevas ya unos cuantos años pisando el freno.

Frente a la obsolescencia programada de todo lo que nos rodea, la edad del pavo sin fecha de caducidad de nosotros mismos, adultos a regañadientes, niños mimados de la sociedad de consumo, el mundo 2.0 y la eterna juventud. Post-post-adolescentes que el lunes compran el Expansión y el fin de semana babean ante las secciones de gadgets electrónicos y zapatillas de deporte caras de las revistas de tendencias. Que cargan en la misma cuenta corriente hipotecas y abonos para festivales de música electrónica. Que hacen la transición política “natural” de extremos a centros, pero se radicalizan vitalmente insistiendo en aferrarse a unos permanentes veinticinco años de sitcom americana, a medio camino entre la soltura de un quinceañero enganchado al iPhone y la entrañable inoperancia de nuestros padres, unos señores (ya sin comillas) que ahora, metidos en los sesenta, nos parecen a la vez dinosaurios y jovencísimos abuelos. Porque, comparados con sus padres cuando tenían su edad, lo son: jovencísimos. ¿Papá y mamá también se niegan a estar en el lugar que les corresponde o eres tú el que tiras de ellos hacia atrás, prefiriendo parecerte a los que podrían ser tus hijos que a lo que fueron tus padres?

No recuerdo que mi padre estuviese pendiente del día que ponen las rebajas en Carhartt. Tampoco que mirase al futuro con tanta sospecha.

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