Paella de chorizo

Posted on 3 enero, 2012

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Como me canso de decir aquí de vez en cuando, hay que tener cuidado con los reality shows (norte)americanos, porque uno termina enganchándose a su ritmo trepidante, su montaje superprofesional y sus cuarenta minutos. Nada más lejos de los interminables programas en los que los convertimos en España, con “debates” anexos que de debates tienen lo que yo de supermodelo bielorrusa. No hay más que ver ‘Top Chef’, quizá mi concurso de telerrealidad favorito, para darse cuenta. El show en el que un grupo de cocineros (profesionales) compiten por un jugoso premio que les permitirá en muchos casos instalarse por su cuenta, no sólo es un entretenimiento televisivo de primera, sino una gran manera de adquirir cultura gastronómica.

A veces parece mentira que España sea la superpotencia gastronómica que es. Cuando uno escucha determinadas críticas a determinado tipo de cocina, dan ganas de enviar a esos críticos de a pie a Holanda o Polonia, a que disfruten de su generosísima (y cardiosaludable) cultura culinaria. Basta mencionar a Adrià, a Berasategui o al (muy pesado, sí, muy diva) Arola para que comiencen a sonar los “¡donde esté un buen filete con patatas!” o los “¡como las lentejas de mi madre, nada!”. Y no es que sea yo un gran defensor de depende qué tipos de cocina (y mucho menos aún de sus ridículas derivaciones “asequibles” de segunda generación y/o restaurante en barrio gay), pero de ahí a ridiculizar las cosas porque sí va un trecho muy largo. Como en todo, las críticas infundadas dicen mucho del que critica. De su ignorancia. Come primero lo de David Muñoz, lo de la Ruscalleda o lo de Ramón Freixa (mi favorito, por cierto) y luego hablas, insultas, si quieres, pero, si no quieres quedar como un auténtico paleto, no los desprecies a priori. No seas gañán. Y qué tendrá que ver que te guste una esferificación de espuma de esencia de naranja virtual con que disfrutes como un enano de una buena tortilla de patatas.

Me gusta ver ‘Top Chef’ porque en sus concursantes veo pasión y amor por la comida, respeto por la cocina y ganas de aprender. Si son americanos burros (otro tópico europeo sobre el que hay mucho que discutir), al menos intentan dejar de serlo un poco. Y sí, a veces hacen una paella con chorizo, como la que comieron en un restaurante de Barcelona (caso real), pero qué culpa tienen ellos. Seguro que hay alguien por ahí hablando de lo insuperable que es la paella de chorizo de su madre, tan repugnante como sus lentejas o sus croquetas. Viva la ignorancia.

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