Por mi estilo, ma-to

Posted on 7 septiembre, 2011

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Parece que fue ayer, pero no. Fue hace ya unos cuantos años cuando surgieron los blogs de lo que ha terminado llamándose “street style”. Fotógrafos (amateur o no) que retrataban personajes (amateur o no) cuya ropa o manera de llevarla (amateur o no) aportaba cierto aire fresco a un mundo tan paradójicamente apolillado como el de las publicaciones de moda. En ese “amateur o no” está la clave, pues el mensaje (que inicialmente existía, no lo dudo) de “tú eres la moda, las revistas no”, “tú creas estilo” y, en definitiva “tú también puedes”, terminó pareciéndose a lo que intentaba, si no atacar, si desenmascarar, desmitificar y desacralizar. En un movimiento empresarialmente muy comprensible (y más por mí, que, en cierto modo, también formo parte de él), los fotógrafos callejeros que sólo publicaban en plataformas online gratuitas pasaron a constar como fotógrafos oficiales, a ganarse la vida con esto, y los personajes que les hacían de modelos pasaron de ser rostros, cuerpos y estilos anónimos a “style icons”, un status que, sea lo que sea, pareció convertirse en la meta de muchos. Ser el próximo Nick Wooster (Josh Peskowitz) o la próxima Giovanna Battaglia (Shala Monroque), personajes que, todo sea dicho, formaban ya parte del engranaje de revistas, tendencias, y demás historietas fashion, de repente era una meta vital confesable. Las localizaciones “vigiladas” por los nuevos cronistas gráficos de la elegancia y el glamour (desfiles de moda, calles pijas…) se empezaron a llenar de personas desesperadas por llamar la atención por su elegancia, su sentido de la vanguardia o, sencillamente, su idiotez estética. A la (incomprensible) conferencia de Scott Schuman en Barcelona acudió una pobre desgraciada vestida de Bea Arthur disfrazada de Lady Gaga. Y Anna Dello Russo (y su chepa) pasó de freak entrañable a petarda global. “Hazme una foto, por favor, quiero que este nuevo look mío dé la vuelta al mundo” parecen suplicar desde las imágenes que cualquier imitador de Bill Cunningham cuelga en su web gratuita. Y todo vale, desde disfrazarse de puta tirada (lo sé, lo sé, lo que llevas es un Balmain) a circular con el traje a medio hacer, como el señor de la foto de arriba. Un tipo que, henchido de orgullo sartorialista, no se da cuenta de que está haciendo el ridículo más espantoso.

(la foto es de la edición online de GQ USA, que no ha podido evitar documentar tanta tontería indumentaria y tantas ínfulas)

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