El cine y yo en doce puntos

Posted on 2 septiembre, 2013

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1. La primera película que vi (y además lo recuerdo vagamente, o eso creo) fue ‘La Dama y el Vagabundo’, con mi madre. Evidentemente era una reposición, creo que una matinée infantil. Mis padres decidieron, muy conscientemente, no basar mi educación audiovisual en el reduccionista mundo Disney. Lo que no sé es si fue por posición intelectual o como reacción a aquella primera sesión de cine durante la cual sólo hice que dar guerra y poner a mi madre en evidencia. De cualquier manera, pocas cosas agradezco más a mis señores padres que la no “disneyficación” de mi infancia.

2. La primera película adulta que vi fue a ‘Alien’. También una reposición, en un cine de verano. La vi con mi padre (a espaldas de mi madre, claro, que habría puesto el grito en el cielo) y, no me enteré de nada, pero pasé un miedo atroz y soñé durante muchos días, no con la escena del bicho saliendo de la tripa de John Hurt (ahí ni miraba), sino con esa primera eclosión extraterrestre, cuando la larva-pulpo salta del huevo y se adhiere al casco del pobre Hurt. No sé si se trata del mejor susto que se ha dado desde una pantalla, pero para mí sí lo es, sin duda. Mil veces he visto ‘Alien’, mil veces he botado en la butaca en ese momento. Y las que quedan.

3. La primera película que vi solo fue ‘El Chico de Oro’. Una aberración. Me empeñé en verla, pero mi padre no quería, así que él se metió en otra sala de los multicines y yo disfruté (qué cosa, la infancia) de las mamarrachadas de Eddie Murphy. Papá vio, seguro, una película mejor. Porque cualquier película es mejor que ‘El Chico de Oro’. Pero verla solo cambió mi manera de ver y disfrutar el cine.

4. Veo muchas películas solo. Me gusta ir al cine solo. Y tengo la suerte de poderme permitir a menudo hacerlo entre semana y a primera sesión de la tarde. Es decir, prácticamente solo en la sala. Hay pocas cosas que me gustan más en el mundo. Y esas cosas también las hago en soledad. Ir de compras, masturbarme e ir al cine. No necesariamente por ese orden.

5. Mientras yo veía ‘El Chico de Oro’ mi padre posiblemente vería alguna película de ciencia ficción. Una nave espacial en la pantalla ya le alegraba el día. “Películas del espacio”, como se decía entonces. A mí también me encantan, a menos que sean demencialmente malas. Son incontables las veces que he visto la trilogía de ‘La Guerra de las Galaxias’ en video con mi padre.

6. Sin embargo, de adulto jamás vi una película con él en un cine. Y ahora me doy cuenta de que haberlo hecho habría sido una grandísima idea. Mi padre y yo teníamos una relación penosa y muy pocas cosas en común y, para una que sí, parece que decidimos castigarnos el uno al otro negándonosla. Una de las cosas de las que más me arrepiento en la vida es de no haber visto más películas con mi padre. En serio.

7. Con mi madre, sobre todo en los últimos años, sí he ido muchísimo al cine. Mi madre no soporta las películas del espacio, pero aparte de eso, se atreve con cualquier cosa. “No vuelvo a ver un rollo del Oliveira este” es una frase que ha dicho más de una vez.

8. Yo tampoco soporto a Oliveira. Ni a Kevin Smith. Ni a un montón de nombres del tan sobado “cine independiente”. O del cine raro. O friki. Algunas de las peores películas que he visto pertenecen a esos… ¿géneros? El esnobismo de lo minoritario y lo raro me parece una de las actitudes vitales más catetas que pueden tenerse. Comparable a la sumisión al cine parque de atracciones con el que tanto nos obsequia Hollywood últimamente. Sin educación Disney ni pasado comiquero (yo fui primero de dinosaurios, luego de Julio Verne y luego de Dickens, y estoy muy orgulloso de ello), carezco de los referentes para apreciar Iron Man, Iron Man 2 o Iron Man 3. Distinguirlas ya me parece una proeza. Tampoco tengo problema en confesar que me he quedado dormido viento obras maestras de Kiarostami.

9. A cambio, en un festival de cine soy capaz de tragarme casi cualquier cosa. Y casi sin rechistar. Es parte del juego de ir a un festival. Por eso hay que intentar ir a uno en el que las posibilidades de tener que comerte una película infumable sean bajas. Lo que pasa es que nadie sabe qué festival es ése.

10. Soy incapaz de entrar en una sala de cine con la película ya empezada. Pero, por circunstancias varias, lo he hecho unas cuantas veces. Y en algunos casos, no me ha importado lo más mínimo. No sé cómo empieza ‘Matrix’. Ni me importa. De hecho se me ha olvidado cómo acaba. O si acaba.

11. Y eso que sí creo que ‘Matrix’ cambió el cine. Y ‘Avatar’. Y ‘Titanic’. Pero las tres lo cambiaron para mal. O lo convirtieron en otra cosa que se parece, como ya he dicho antes, más a un parque de atracciones o a un videojuego que otra cosa.

12. Salirme del cine con la película sin terminar es algo que sí sé hacer muy bien. No sé como acaban ‘El Pacto de los Lobos’, ‘La Roca’, ‘Vor’ o la última de Isabel Coixet. Opino que si ya has malgastado tu dinero, no tiene sentido malgastar también tu tiempo.

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