Cronenberg parodia a Cronenberg

Posted on 29 octubre, 2012

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En principio, la gente y las cosas pretenciosas no me molestan. Será porque yo también lo soy, supongo. O porque, según mi teoría, una gran proporción de estas personas y cosas son pretenciosas por no haber sabido medir su talento antes de ponerse unos objetivos. No intentan engañarnos y hacernos creer que son más listos, creativos o interesantes de lo que son, sino que se dan cuenta al tiempo que nosotros de que se han hundido con todo el equipo y de que si se hubiesen puesto metas más asequibles posiblemente las habrían alcanzado. Pero lo han intentado, se han lanzado, se han atrevido.

David Cronenberg no es de ninguno de estos dos grupos, sino de un tercero formado por aquellos que quedan de pretenciosos porque intentan hacer cosas que ni ellos ni nadie ha logrado antes, apoyados en que alguna vez ya lo lograron o estuvieron a punto. Lo intentaron y lo consiguieron, se lanzaron y cayeron de pie, se atrevieron y ese atrevimiento se convirtió en triunfo. Yo defiendo el cine más personal de Cronenberg porque veo en él un riesgo real, una permanente posibilidad de que el castillo de naipes se caiga y veamos entonces que las cartas estaban marcadas y mal pegadas. Que algunas eran de otra baraja y que la mayoría ya habían sido utilizadas en castillos anteriores. Eso es lo que le pasa al director canadiense en películas como ‘EXistenZ’ y (según algunos, yo no) en ‘Crash’, filmes tan ambiciosos tras su discreta fachada que es lógico y hasta cierto punto comprensible que se quemen solitos. Otros no lo hacen y aguantan de manera casi heroica el paso de las décadas.

‘Cosmopolis’ no llega a derrumbarse porque en realidad nunca llega a ser construida. Jugar con una novela (de DeLillo, otro genio raro) inadaptable, con un protagonista (Robert Pattinson) absolutamente insípido y con unas referencias previas (la citada ‘Crash’ sobre todo) tan reconocibles es jugar con fuego. Pero Cronenberg, tras unos años dedicado a demostrarnos que sabe hacer cine canónico, tenía todo el derecho y las ganas de volver a sus rarezas y sus mundos posmodernos y dislocados. Tras las fabulosas ‘Una Historia de Violencia’ y ‘Promesas del Este’ y la casi aberrantemente académica ‘Un Método Peligroso’, tocaba una vuelta a lo que entendemos como “cronenbergiano”. El problema es que ‘Cosmopolis’ es tan cronenbergiana que a veces parece estar hecha a mala hostia por alguien decidido a ridiculizar y poner en evidencia al director de ‘La Mosca’ o ‘M Butterfly’. Conseguir que una adaptación de un material ajeno se convierta en prácticamente una parodia del material propio es algo que debería sorprender hasta al propio Cronenberg.

Aunque seguirá siendo disculpado por su nutrida parroquia de fans (incluso por mí mismo, en cuanto se me pase este berrinche), con ‘Cosmopolis’ Cronenberg se topará con el rechazo de un público que ya veía en él a un perturbado poco recomendable y, lo que es peor, pesadito, petulante y pasado. De listo, de vueltas y de moda. Quizá la culpa sea de que el guión de ‘Cosmopolis’ fue escrito en una semana (y se nota), de que estamos curados de espanto después de tantas moderneces vacías y de que con ‘Crash’ atisbamos la fina línea que separa lo sublime de lo ridículo. Da lo mismo. Los hechos son que el guión de la película es un desastre, que sus trucos y recursos están anticuados y vistos mil veces y que cuesta no reírse en determinadas secuencias que (en teoría, o no) deberían provocar desazón y no risa. ‘Cosmopolis’ es una película fallida. No me atrevería a decir “mala”, porque con Cronenberg uno tiene que tener cuidado. Es posible que dentro de años, ‘Cosmopolis’ sea considerada una obra de culto. Incluso una buena película y que Mark Cousins, como hizo con ‘Starship Troopers’, la incluya en su lista de las obras cinematográficas más importantes del siglo XXI. Y es posible que yo defienda esa inclusión. Y que defienda incluso a Robert Pattinson. Diré que ponerle a protagonizar la película fue una gran ironía. Lo que pasaba es que no nos dimos cuenta. No sería la primera vez que me descuelgo con un argumento así. Hay que ver cómo somos los modernos.

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