Chamán Vigalondo

Posted on 30 abril, 2012

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La sala en la que vi ‘Extraterrestre’ no estaba llena, ni mucho menos. Más bien diría que medio vacía. Sin embargo yo había comprado mi entrada por internet, y con bastante antelación. “Va a estar a reventar, se va a lanzar todo el mundo a verla” había pensado, presa de la fiebre que despertaba la película de Vigalondo en tantos sitios.

Y no. Sala medio vacía. Pero, eso sí, los que estaban, estaban al 100%. Dándolo todo. Riéndose con todo. Aplaudiendo. Fans de los buenos, de los que le arracan un trozo de camiseta a su ídolo, lo plastifican y lo guardan el la caja fuerte. Vigalondistas a tope.

‘Extraterrestre’ es una película mala. Está mal escrita, mal dirigida y muy mal interpretada. Está hecha como en broma. Como si todo diese igual. Como si su director, su productor y sus actores supieran que la gente se iba a pegar por verla de todas maneras. Lo mismo que pensé yo cuando compré la entrada. Y no. Poca gente, pero gente guay, gente enterada, gente que sabe que lo que está viendo en la pantalla es realmente genial, y no una mediocridad que, como ópera prima tendría un pase, pero como segunda e hiperpromocionada película, no.

Es difícil que Nacho Vigalondo te caiga mal. Como relaciones públicas de sí mismo es insuperable. Incluso como icono de corto alcance, como referente intelectual (toma ya) de una subclase social, la de los modernillos urbanos de Converse y Wayfarer, que tampoco tiene muchos otros espejos donde mirarse. Ni suficientes representantes fuera de los conductos underground. Si siguiese utilizándose aquello de las “tribus urbanas”, diríamos que Vigalondo es el chamán de una. Sus dos películas son obras de culto. Pero sólo en su tribu, me temo.

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