La gran represión

Posted on 5 diciembre, 2011

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Algunos creíamos que después del ovacionado clasicismo de ‘Una Historia de Violencia’ y ‘Promesas del Este’ era el momento de que David Cronenberg se pasase de rosca y firmase su ‘Caótica Ana’ particular. De que perdiese el control tras tanto halago y se autodestruyese con una película loquísima, incomprensible, vergonzante y ridícula. Una ‘Kika’. Algo que le obligase a recapacitar, a tomarse un valium y pulsar el reset. Si alguien es capaz de perder los papeles en eso que llamamos “inconfundible universo personal”, ése es el canadiense. Con su “nueva carne”, ya estuvo a punto, llevando la idea demasiado al límite. En ‘eXistenZ’, concretamente.

Y sin embargo, no ha ocurrido, no ahora. ‘Un Método Peligroso’ es una película tan contenida y académica que, viniendo de donde viene, sólo puedo calificar de reprimida. Pero reprimida cronenbergiana, es decir, orgullosamente contrita, dolorosamente suave, perversamente convencional. Y dado que trata (entre otras cosas) de la represión como concepto (¿necesaria o dañina? ¿civilizada o irracional?), queda bastante claro que el director de ‘Inseparables’, ‘Crash’ o ‘Videodrome’ nuevamente sabe lo que hace y hace lo que quiere. En ‘Un método peligroso’ Cronenberg consigue lo que se propone: contar una historia de enfermedad, depravación y turbiedad moral sin alterar ni un ápice un discurso formal impecable previamente establecido. Hasta Keira Knightley azotada por Michael Fassbender es en esta película una fría estampa de época, casi digna de James Ivory. Todos sabemos lo que Cronenberg es capaz de hacer con esa idea, esa escena y esos dos actores, permanente damisela gris incorrupta  ella y neo-sex-symbol de vicioso e insondable atractivo él. A su vez, Cronenberg sabe que sabemos, y es muy consciente de lo que esperamos de él. Y no los lo da. ¿Reprimiéndose él o reprimiendo al espectador? Buena pregunta. Y buena película.

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