Mundo Outlet

Posted on 25 noviembre, 2011

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Primeras marcas. Descuentos gigantes. Restos de temporada. Compra impulsiva. Decadencia occidental. Consumismo injustificable. Cutrez y tristeza. Aparta tus sucias manos de ese Miu Miu, zorra.

Bienvenidos al Mundo Outlet.

1. Hay tres tipos de outlet. Por un lado están los almacenes desangelados en los que algunas marcas intentan deshacerse de restos de stocks imposibles, productos que no han pasado los controles de calidad pertinentes y, en definitiva, anomalías de la cadena de producción y distribución de la empresa. Por otro lado tenemos los que utilizan el descuento salvaje para liquidar rápidamente de ítems que (no olvidemos esto nunca) no han conseguido vender ni en las segundas rebajas. El tercer tipo de outlet es una derivación “de lujo” de alguno de los dos tipos anteriores. Uno en el que todo lo malo que tienen el almacén desangelado y la tienda “alternativa” en permanente estado de liquidación por derribo se compensa por la potencia de las marcas ofrecidas. Bucear en un cajón de camisetas arrugadas en busca de una que no sea espantosísima, en un outlet de Fendi o Ferragamo es menos bucear en un cajón de camisetas arrugadas. O eso queremos creer.

2. Sí: hay un cuarto tipo de outlet, en el que que el producto ofrecido no sólo ha pasado los controles de calidad y no está hecho polvo, sino que además es bueno y bonito. Y barato, claro. Simplemente está ahí porque por motivos que desconocemos (caída de la venta de drogas a nivel mundial, epidemias en barrios residenciales lujosos de Moscú o Shanghai) no se ha vendido como correspondía. Estos lugares son como una orgía que incluya a Gisele Bündchen, Olivia Wilde, Jason Statham, Michael Fassbender y Christina Hendricks. Es decir, en teoría son posibles, pero en la práctica, si alguna vez tuviesen lugar, a ti no te sería revelado ni el lugar ni la hora. Es más un concepto mitológico que otra cosa. Como el Olimpo, pero con ropa.

3. ¿Se puede ir a un outlet a comprar algo concreto? No. A estos sitios se va a por algo que es a la vez nada y todo,  potencialidad pura. Todo podría estar allí esperándote, con un 60% de descuento, pero con un 95% de probabilidad, no estará. Y si lo está, descubrirás que es 100% poliéster.

4. Los outlets más interesantes, aquellos organizados por marcas o tiendas buenísimas (y carísimas, esto es algo que también se cumple siempre), son vacíos legales en los que los derechos humanos (por no hablar de los del consumidor) no se aplican. El outlet de superlujo (un Hermès, un Bottega Veneta…) cambia la humillación del comprador vía precio por la humillación en general: horas de cola, ausencia de intimidad (ver: probadores), in-facilidades de pago (prepara el fajo de billetes, cash only), cupos y vendedores que te miran con pena y se solidarizan contigo y con el nivel de vejación que eres capaz de aguantar para poder tener tu vuitonito o tu chanelín.

5. El concepto talla se difumina. En un outlet los zapatos pueden comprarse de un número menor que el correcto (dos si se trata de sandalias que dejen los dedos libres) o de cualquiera mayor. Y las prendas de punto directamente no tienen talla. Todo el mundo sabe que el punto de calidad es muy elástico y muy resistente. Si tu talla es la L, pero ese jersey de Margiela sólo lo tienen en talla S, intenta meterte en él como puedas (true story, outlet de Santa Eulalia, Barcelona, 24 de noviembre de 2011, 11:30, yo).

6. Si a partir de un 70% de descuento la talla es algo relativo, a partir del 80% (sí, eso existe), el ítem en cuestión ni siquiera tiene que gustarte. El poder pronunciar la frase “tengo una chaqueta de Balenciaga” ya vale la (relativa) miseria que has pagado por ella, aunque ni te plantees utilizarla jamás. Lo de que la moda es aspiracional es exactamente esto.

7. Ojo: esas marcas de las que uno cree que se lo compraría todo tienen la capacidad de tener sus outlets llenos de productos que ignorabas que existiesen y que además no adquirirías ni loco. Uno no es consciente de la gama de colores fluo de la que disponen Helmut Lang (querías un traje negro, una camiseta negra y un jersey gris) o Ralph Lauren (querías una camisa para tu padre) hasta que visita sus fiestas del ultradescuento.

8. Generalmente, cuanto más molestias, humillaciones y peligros entraña una incursión en el mundo outlet, mayores son las probabilidades de éxito. Esto es triste pero cierto. Es más fácil cazar algo decente e interesante (o incluso algo que realmente necesites, que ya es como el orgasmo outlet absoluto) en sitios que requieran excursiones ex profeso, como el mítico Space de Prada, en un pueblo-polígono extremo a las afueras de Florencia o tras pasar por la criba de invitaciones, colas y demás zarandajas de las “fire sale” y “sample sale” de las boutiques de lujo de ciudades como Londres o Nueva York.

9. Si vas a outletear acompañado y quieres que la cosa acabe con muchas risas, haz lo siguiente: comprad cada uno en soledad y por separado y luego, a la salida, después de pagar, y a ser posible con acceso a bebidas alcohólicas, haced una puesta en común de las compras individuales. Ya verás cómo no eres el único al que le ha cegado un 50% tachado con un 70% escrito al lado, ni la única que está convencida de poder arreglar la cremallera desgarrada de un vestido “que vi en la tienda a mil euros y aquí lo he pillado por cuarenta y cinco”.

10. Y finalmente, los outlets online, lugares de perdición en los que el concepto-outlet vuelve a tomar sentido (la estructura online sí que permite un vaciado de stocks lógico, rápido y barato), pero a cambio se confabula con la potencia obsesiva y masturbatoria de la red y nos lleva a cometer locuras. Aquí ya da igual todo: el material, la talla, las posibles (y en muchos casos seguras) taras o la altísima probabilidad de que cuando el producto llegue por fin a tu hogar, lo desenvuelvas desconectado de aquella sensación de ganga fantástica, ese clímax-chollo que experimentaste mientras hacías clic con el ratón para comprarlo y no sólo te parezca una mierda, sino que de hecho lo sea.

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