¿Dónde está la magia? En ‘Tintín’ no.

Posted on 3 noviembre, 2011

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Hay un momento en ‘El Origen del Planeta de los Simios’ en el que la magia del cine se va a tomar por culo. Una secuencia en la que los simios, confinados en una especie de refugio-cárcel-zoo huyen a través de la bóveda que remata la parte superior del edificio. Esto lo ve el espectador gracias a unos planos secuencia imposibles, sólo viables si nada de lo que se ve es real, si todo está generado por ordenador y la cámara, físicamente inexistente de hecho, puede hacer lo que le de la gana, moverse a su antojo y meterse por cualquier sitio. Eliminadas estas barreras físicas, el cine alcanza un grado total de libertad para el que posiblemente no esté preparado. Y el espectador tampoco. ¿Dónde queda la capacidad de sorpresa cuando sabemos que todo es posible, todo puede hacerse y todo puede filmarse? Los alucinantes avances en el campo de la animación digital han hecho que dos géneros-formato, la imagen real y la virtual, se fusionen en uno sólo. A la vista de todo el mundo y, al mismo tiempo, un poco a traición.

En ‘Tintín’ se lleva esto al extremo. La perfección técnica de la película es tan apabullante, tan escandalosamente intachable, que el guión se convierte en lo de menos. ¿Estamos preparados para eso? ¿Lo queremos? ‘Tintín’ es un maximalista videojuego de plataformas en el que el argumento es un débil hilo conductor de secuencias que, queriendo ser comedia física clásica (Sí, Spielgerg, ya sabemos que admiras mucho a Buster Keaton), son sólo la versión XL, 3D y LOL del arcade de plataformas estándar.

El nuevo cine es esto. Cada vez está más claro. Por mucho que la tecnología 3D no esté dando los resultados (económicos) esperados, que las salas de cine sigan sin estar contentas con su propio negocio y que la película más impactante del año pasado quizá sea la técnicamente sencillísima ‘Cisne Negro’, el futuro, o directamente el presente del cine de entretenimiento de masas son estas tontunas multicolores y aceleradas que, para más inri, de vez en cuando vienen firmadas por personas como Spielberg, genio indiscutible que creó ya un “nuevo cine” hace treinta años, cine que ahora, con la infantilísima (hasta extremos casi dolorosos) ‘Tintín’, parece despreciar.

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