‘Contagion’ o la paranoia irónica y total

Posted on 25 octubre, 2011

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Supongo que va implícito en mi esnobismo el querer-creer que las películas de Steven Soderbergh son, y cada vez más, además de películas, experimentos metacinematográficos, bromas infinitas y proyectos conceptuales. Me pasa hasta con ‘Solaris’.

Dudo que sea el único que opina de esta manera sobre el listillo Soderbergh, cineasta de inclasificable, bipolar y, sin embargo, muy coherente trayectoria. En ‘Contagion’ creo que queda bastante claro que el tipo trabaja a varios niveles, con múltiples lecturas y subtextos. Otra cosa es que le funcione. Conste que yo creo que sí.

No es casual que haya elegido un género como el de las películas de catástrofes para montar otro de sus castillos de naipes de niño que se sabe brillante. Con un reparto cuajado de estrellas y una trama multinacional, ‘Contagion’ es una película de desastres de manual, un ‘Aeropuerto’ con epidemias, un ‘El Coloso en Llamas’ en el que las llamas son un virus implacable y el coloso, el mundo entero.

Tampoco creo que sea casualidad que (y esto no es un spoiler, creedme), el personaje de Gwyneth Paltrow muera el primero. Ni que sufra alguna que otra perrería post-mortem y un juicio moral más que discutible. Ni que su marido esté encarnado por Matt Damon, superestrella que aquí da (nuevamente) un recital de cómo no interpretar. ¿Por qué me da la sensación de que eso es justo lo que quería el director? ¿Qué retorcidos mecanismos mentales me hacen creer que Soderbergh está permanentemente dándonos una clase de historia, teoría y práctica del cine?

‘Contagion’ es una película que, al contrario que muchas de sus compañeras de género, intenta abarcarlo todo, mostrar una “big picture” que se queda inevitablemente coja, porque es imposible hacer una película sobre Algo Que Le Ocurre A La Humanidad. Y, sin embargo, funciona. ¿Otra clase magistral sobre los límites de la narración cinematográfica y la prevalencia de la coherencia narrativa sobre la coherencia real? Nuevamente, yo creo que sí.

Por no hablar de algunas líneas del personaje de Kate Winslet (científica perfectísima y a la vez muy terrenal, o sea, el equivalente de ciencias de la imagen pública de la propia Winslet), de Demetri Martin (y su peinado) disfrazado de técnico de laboratorio de la Troma o del toque almibarado-romántico-adolescente, digno de ‘Crepúsculo’. Todo mostrado con tanta seriedad como destiladísima ironía, manteniendo la (tremenda) capacidad de generación de paranoia e hiponcondria de la película sin dejar de ceñirse en ningún momento a un género, el catastrofista, tan glorioso como despreciado.

(Y sí, fui a verla porque me dijeron que la Paltrow moría, y sin heroísmos de por medio. Ya era hora de que alguien le diese su merecido a esa pija. Lo de ‘Seven’ no cuenta, porque no pudimos disfrutarlo en condiciones. Y porque aún no sabíamos que aquella chica rubita y sosa terminaría cayéndonos tan mal.)

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