La Vida. El Arte. El Ego. Malick.

Posted on 21 septiembre, 2011

0



Si ‘El Árbol de la Vida’ es la octava maravilla, la película definitiva, o simplemente un spot televisivo exquisito pero interminable es algo muy debatible. Lo que creo que no lo es es el hecho de que se haya estrenado en tantas salas en España. Un éxito comercial más o menos asegurado, al menos durante el primer fin de semana, que se explica (un poco) cuando nos acercamos a alguna de ellas y descubrimos niñas en la cola esperando para ver “la última de Brad Pitt”. Uf.

Mal invento. Los públicos de Brad Pitt y Terrence Malick no podrían tener menos que ver. A priori y a posteriori, porque ‘El Árbol de la Vida’ no es nada “la última de Brad Pitt” y sí “lo nuevo de Malick”. Se entiende la desbandada de espectadores en algunas salas, las risas y los aplausos histérico-irónicos al final de las proyecciones, la indignación y el famoso cartel de “no devolvemos el dinero de las entradas” de algunos cines norteamericanos.

Si Malick hiciese una película al año, estaríamos más preparados para cada una de sus obras. Supongo que veríamos poco a poco su evolución, y su base de seguidores se construiría (o destruiría) gradualmente. Sin embargo, entregando un filme cada cinco o veinte años (pues esa ha sido su cadencia) es lógico que las reacciones que éstos suscitan sean radicales. El Salinger del cine es megalómano y discreto, egocéntrico y esquivo. En ‘El Árbol de la Vida’ juega al intimismo y a la solemnidad trascendental al tiempo, negándose a renunciar a nada, aunque ello implique convertir la película en un monumento al ego.

¿Ego genial o ego pretencioso y ridículo? He ahí la pregunta. Muchas narraciones, no sólo cinematográficas, intentan hablarnos de La Vida, de Todo y de Dios a través de narraciones de lo cotidiano, de lo más sencillo. ‘El Árbol de la Vida’, con su prólogo casi grotesco, sus interludios semidocumentales y su epílogo pasadísimo de vueltas (y de cursilería) es una película que intenta (o eso parece, o eso creo, o eso entendí) conectar con el espectador a través de un lenguaje sensual y primario que es en sí mismo parte de su mensaje. Porque, por suerte o por desgracia, hay mensaje. El Mensaje, de hecho. La Vida, Todo, Dios. Malick, en definitiva. Para algunos, El Arte. Para otros, El Timo.

Anuncios
Etiquetado:
Posted in: Uncategorized