Fitness porn

Posted on 14 septiembre, 2011

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Cuando te descubres a ti mismo haciendo sentadillas como un loco al ritmo del ‘Like something for porno’, rodeado de otras veintitantas personas que se encuentran en la misma situación, es muy posible que pienses que has ido demasiado lejos, que todo ha ido demasiado lejos, que todo está mal y que la cultura occidental está, efectivamente, condenada a la autodestrucción. Que la decandencia lleva ya décadas instalada entre nosotros, que somos la nueva Roma ociosa y absurda y que sólo necesitamos un pequeño empujón para precipitarnos al abismo.

Pero sigues haciendo sentadillas, porque tu entrenadora te lo manda y porque la canción todavía no ha terminado.

Woooow…You’re feeling sexy noooow… You’re feeling seeexy meaoooow… like something for porno, like something for pooorno…

Y da igual que estés en Barcelona que en Nueva York. La sensación es la misma. Buena y peligrosa a la vez. Adictiva. Viciosa. Te visualizas a ti mismo como una máquina sudorosa y masoquista, animal y sobrehumana, sin cerebro pero con músculos. Endorfinas, feromonas, dolor, sexo, humillación, desconexión, involución… Al final es todo lo mismo. Como el porno.

Lo del “boot camp training” antes o después tenía que llegar a España. Sus derivaciones urbanitas y pasadas de vueltas, también. Y, más antes que después, yo tenía que caer en su trampa. Para contároslo, más que nada.

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