Almodóvar caducado

Posted on 4 septiembre, 2011

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No creo que decir que ‘La Piel que Habito’ es 100% almodovariana sea ninguna perogrullada. Porque almodovariano no es sólo el humor cañí y la sabiduría de ama de casa sarcástica. Almodovariana es también la obsesión casi patológica por la modernidad y el estilo, mal entendidos como colección de tendencias detectadas (o formadas, o deformadas) por revistas y empresas de marketing. Almodovarianas son también las pretensiones, el no reconocimiento del ridículo como medida de defensa ante las críticas. Almodovariano es también el control total de una película que, al aparentemente no haber posibilidad de segundas opiniones, arrastra fallos que deberían haberse subsanado en las primeras etapas de escritura del guión. Almodovariana es la sensación de estar viendo algo que se supone profundo y, sin embargo, es ridículo y grotesco. Muy almodovariana.

Me gusta conocer a Almodóvar a través de sus filmes. Reconocer sus obsesiones, por banales que éstas sean, en sus guiones y sus películas. Su última fijación (aparte de las tetas, por cierto, qué pesado con las tetas) parece ser el buen gusto. Pedro quiere tener buen gusto, sea como sea, y quiere que sepas que lo tiene. Por eso tira de Alice Munro, de Louis Bourgeois, de Buika o de Chanel. Buen gusto moderno, tendencioso,  y con una fecha de caducidad que, generalmente, llega antes que el estreno de la película en cuestión. Eso pasa en ‘La Piel que Habito’. Sus referencias y metáforas son válidas para quien no ha leído ni el Babelia durante los dos últimos años. Para un público medianamente al día, están ya muy vistas. Siguen siendo válidas, desde luego (jamás diría yo que Munro o Bourgeois están caducadas), pero ya no son “lo último”. Algo que parece preocuparle mucho al manchego.

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