No eres moderno

Posted on 1 septiembre, 2011

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Podríamos tirarnos años intentando definir qué es “ser moderno”. Un poco menos si lo que quisiésemos es acotar qué es “auténtico”. Pero lo más seguro es que estaríamos de acuerdo en que algo que en alguna parte tiene una etiqueta que pone “Made in Bangladesh” no lo es. Auténtico, quiero decir. Que todo está escenografiado, que todo es falso, puede parecer una postura a medio camino entre el pesimismo vital y la conspiranoia, pero me parece más realista que la de creer que somos los primeros en hacer algo, en ver algo, en escuchar algo, en comprar algo, en comer algo o en follar de determinada manera. No somos los primeros y, de hecho, los que parecen los primeros, tampoco lo son. Generalmente, lo que sí son es los primeros en empaquetar y vender algo que ellos vieron en otro sitio, o a otra persona sin las ganas, el tiempo, el dinero o el talento para  hacerlo. Los bigotillos, el neo-folk y el neo-hippismo, la obsesión por lo retro o la ironía de triple vuelta son modas y tendencias tan respetables, despreciables y analizables como los tatuajes tribales y las terrazas ibicencas. Tienen puntos de partida distintos pero, conceptualmente, llegan al mismo sitio. La automarginación de los hipsters persigue lo mismo que el afán de protagonismo de los neochulos de discoteca: fabricar un entorno a medida en el que figurar como única élite y vara de medir. El mundo está lleno de Pachás Ibiza y de musculitos morenos, pero también de Freeman’s Sporting Clubs y enclenques barbudos con gafas de pasta. David Guetta y Taavo Somer no son tan diferentes. Y tú tampoco. Tus bermudas remangadas y tu camiseta vintage han pasado por el mismo proceso que unas zapatillas plateadas de Dolce & Gabbana o un polo Lacoste.

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